ChatGPT y la soledad contemporánea: hablar sin ser interrumpido, ¿o sin ser escuchado?

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ChatGPT y la soledad contemporánea: hablar sin ser interrumpido, ¿o sin ser escuchado?

Soledad conectada y charlas con inteligencia artificial

Vivimos en una época marcada por la hiperconexión: estamos disponibles las 24 horas, podemos compartir fragmentos de nuestra vida en redes sociales y mantener conversaciones instantáneas con personas de cualquier parte del mundo. Sin embargo, esta conectividad constante no siempre reduce la sensación de soledad. En nuestra consulta de psicología en Barcelona vemos cada vez más cómo la compañía puede ser masiva y al mismo tiempo superficial, mientras la intimidad se queda sin lugar.

refugiarse en las IA es una ilusión de compañía

En este contexto surge un fenómeno curioso: muchas personas recurren a ChatGPT y otras inteligencias artificiales como interlocutores con los que conversar. Hablar con una IA ofrece una sensación de seguridad inmediata: nadie interrumpe, nadie juzga, todo está bajo control y disponible al instante. La conversación parece fluir sin fricción, como un monólogo cuidadosamente acompañado por respuestas generadas de forma coherente.

Esta escena se enlaza con lo que desarrollamos en el artículo ¿Puede una IA comprender el sufrimiento humano?, donde ya nos preguntábamos si esta forma de compañía puede suplir un vínculo real.

  1. La soledad conectada: compañía sin vínculo

La soledad contemporánea no siempre se reconoce como tal. Puede aparecer incluso rodeados de notificaciones, mensajes y llamadas. Lo que la caracteriza es la falta de un vínculo auténtico: un espacio donde la palabra del otro tenga resonancia, donde haya presencia y respuesta emocional real. Para muchas personas, dar el paso hacia un espacio de psicología online supone precisamente buscar ese lugar donde la soledad pueda ponerse en palabras frente a alguien.

En la conversación con una máquina, esta soledad se matiza: se tiene la ilusión de compañía. La IA responde, genera frases que parecen comprensivas, mantiene un ritmo adecuado y, sobre todo, no exige reciprocidad emocional. Para quien habla, esto puede resultar cómodo: no hay riesgo de decepcionar ni de ser decepcionado, ni necesidad de sostener la mirada, la tensión o la incomodidad de la relación humana.

Sin embargo, esta seguridad tiene un costo. La sensación de ser escuchado requiere algo más que recibir palabras de vuelta: requiere que esas palabras resuenen en un otro real, que provoquen efectos y que se genere una respuesta que no puede preverse completamente. La IA puede simular escucha, pero no puede afectarse ni afectar; por tanto, aunque acompañe el discurso, no lo convierte en experiencia compartida.

  1. Hablar sin ser interrumpido: comodidad y límites

Uno de los atractivos más evidentes de ChatGPT es que permite hablar sin interrupciones. Esto representa un alivio frente a la experiencia humana, donde la comunicación siempre incluye pausas, silencios incómodos, juicios y malentendidos. Para algunas personas, iniciar un proceso de terapia en línea implica pasar de ese monólogo sin fricción a un diálogo donde la presencia del otro introduce matices, sorpresas y un cierto riesgo emocional.

Psicológicamente, hablar sin interrupciones puede tener un efecto liberador: permite organizar el pensamiento, ensayar palabras y explorar emociones sin la presión del otro.

Pero también tiene límites: la escucha de verdad no es solo recibir información, sino sentirse reconocido, confirmado y acompañado en lo que se dice. La interacción humana aporta resonancia, contraste y complejidad, elementos que enriquecen el discurso y permiten su elaboración. Sin ellos, la palabra puede fluir, pero queda confinada a la superficie de la experiencia, sin transformarse en conocimiento de uno mismo ni en vínculo con otro.

  1. El refugio de la IA y la ilusión de compañía

La conversación con una IA puede funcionar como refugio frente a la vulnerabilidad que implica abrirse a otro ser humano. La máquina nunca se enfada, nunca se cansa, nunca se sorprende ni se aburre. No hay transferencia, no hay conflicto, no hay riesgo emocional. Esa ausencia de riesgo convierte a la IA en un espacio seguro, casi perfecto, especialmente para quienes sienten ansiedad, miedo al juicio o dificultades para confiar. En muchos casos, antes de llegar a pedir ayuda psicológica online, la persona ha pasado por esta etapa de refugio tecnológico.

Pero esta seguridad también puede reforzar la soledad. Al no haber un otro afectado por lo que se dice, la palabra no encuentra eco emocional ni resonancia profunda. La interacción puede dar la sensación de ser escuchado, pero lo que se produce es más bien un monólogo acompañado, donde el interlocutor funciona como espejo mecánico y previsible, no como presencia viva.

En términos psicoanalíticos, la diferencia es fundamental: la palabra transformadora surge de la relación con un otro que se afecta, que reacciona y que provoca respuestas inesperadas. Es la incertidumbre, el roce y el riesgo lo que permite que algo se mueva en lo subjetivo.

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  1. Lo que la IA no puede ofrecer: presencia y resonancia

La escucha auténtica no se limita a recibir información; implica que el otro participe, se afecte y contribuya a la elaboración de lo que se dice. En la conversación con una IA, la respuesta está programada: coherente, rápida y predecible. Esto tiene ventajas prácticas y puede ser un primer paso para ordenar pensamientos, explorar sentimientos o ensayar palabras. Pero no sustituye la experiencia de ser escuchado de manera humana, con su riqueza, su complejidad y su imprevisibilidad. Esta diferencia la desarrollamos también en La máquina nos habla: ¿qué escucha cuando la escuchamos?, donde pensamos qué cambia cuando nuestro interlocutor es un algoritmo.

Por ello, la interacción tecnológica puede ser útil como apoyo, pero nunca reemplaza el vínculo humano que permite reflexionar, elaborar y transformar la experiencia. La IA puede acompañar un discurso, pero no puede sostener el impacto emocional ni la resonancia que surge en un encuentro donde hay un otro que se deja afectar por lo que escucha.

  1. Conversar para encontrarse: entre soledad y vínculo

La soledad contemporánea y el uso de IA para conversar muestran algo relevante sobre nuestra época: el deseo de hablar sin riesgo y, al mismo tiempo, la necesidad de ser escuchados. A veces, la tecnología se convierte en un umbral: permite que la palabra aparezca, pero la transformación requiere dar un paso más allá, hacia la experiencia de un vínculo que implique reciprocidad y resonancia. Esta tensión entre algoritmos y subjetividad la exploramos con más detalle en ¿Qué lugar queda para el inconsciente en tiempos de algoritmos?.

Ese paso no tiene por qué ser inmediato ni forzado; se trata de reconocer que la palabra cobra un sentido más profundo cuando es recibida por un otro que participa de la experiencia, que se afecta y que devuelve algo distinto de lo que se dio. Solo entonces la conversación deja de ser un monólogo acompañado y se convierte en diálogo, en encuentro y en posibilidad de cambio.

  1. Reflexión final: entre seguridad y transformación

Hablar con ChatGPT u otras inteligencias artificiales puede ofrecer alivio, compañía y orden en medio de la soledad conectada. Puede ser un espacio donde la palabra fluya sin presión, sin interrupciones, sin juicio. Y, sin embargo, este alivio es parcial: la escucha que transforma requiere presencia humana, participación afectiva y resonancia emocional.

La diferencia entre hablar sin interrupciones y sentirse realmente escuchado refleja un rasgo central de nuestra época: la tensión entre seguridad tecnológica y vínculo humano. Reconocerla permite situar la tecnología en su lugar: como apoyo, no sustituto; como espacio seguro, no como reemplazo de la presencia viva de otro.

A veces, la palabra necesita simplemente un lugar donde aparecer, un espejo que la refleje y luego un espacio donde encuentre eco, afecto y transformación.

Para algunas personas, ese camino pasa por fortalecer la propia confianza antes de abrirse a otro; en ese sentido, contenidos como cómo aumentar la autoestima y la confianza en uno mismo pueden acompañar el proceso de animarse a pedir ayuda y buscar un espacio humano donde la soledad pueda ser, por fin, compartida.