El nuevo oráculo virtual: ¿buscamos respuestas o evitamos preguntas?

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El nuevo oráculo virtual: ¿buscamos respuestas o evitamos preguntas?

En la era digital, las preguntas han cambiado de interlocutor. Antes, el oráculo era un lugar de reflexión y espera, un espacio donde la incertidumbre encontraba su eco en la palabra de quien escuchaba. Hoy, muchas veces, ese papel lo ocupa un chatbot como ChatGPT: respuestas instantáneas a nuestras dudas, soluciones al alcance de un clic.

No es casual que, al mismo tiempo, muchas personas empiecen a plantearse si no sería más sensato hablar de estas cuestiones en una consulta de psicología online en Barcelona donde alguien pueda responder desde su experiencia clínica.

ChatGPT oráculo contemporáneo

ChatGPT como oráculo contemporáneo

Un oráculo no se limita a dar información; propone un encuentro con lo desconocido y con la propia falta. El sujeto que consulta el oráculo no solo busca datos: busca orientación, pero también se enfrenta a sí mismo. Lacan nos recuerda que el deseo se articula en torno a la pregunta, y que la respuesta perfecta puede disolver el espacio donde emerge el deseo. Esta tensión aparece con fuerza cuando comparamos el antiguo oráculo con la rapidez de un proceso de psicología online que invita a seguir preguntándose en lugar de cerrar las cuestiones demasiado deprisa.

ChatGPT y otros chatbots funcionan como oráculos digitales: proporcionan respuestas rápidas, claras y estructuradas. La eficiencia y la inmediatez son sus virtudes. Pero ¿qué ocurre con las preguntas que no tienen una respuesta directa, con aquello que toca el deseo, la duda o la ética personal? Allí, la IA llega hasta el límite de sus posibilidades: puede generar texto coherente, sugerir alternativas, pero no puede sostener la incertidumbre ni acompañar al sujeto en la pregunta misma, algo que desarrollamos más a fondo en el artículo ¿Puede una IA comprender de verdad el sufrimiento humano?.

Respuestas instantáneas y la ilusión de certeza

La promesa del oráculo digital es la certeza inmediata. La pregunta se transforma en un clic, y la duda se disuelve en palabras que suenan convincentes. Sin embargo, Lacan nos enseña que la verdad del sujeto no se encuentra en respuestas cómodas: reside en el trabajo que hace la pregunta, en la confrontación con su propio vacío, en la tensión entre lo que se sabe y lo que se ignora. Sobre esta tensión entre datos y subjetividad reflexionamos también en ¿Qué lugar queda para el inconsciente en tiempos dominados por algoritmos?.

Cuando acudimos a ChatGPT para evitar incertidumbres, corremos el riesgo de confundir información con conocimiento y certeza externa con comprensión interna. Las respuestas instantáneas pueden anestesiar la curiosidad, desviar la reflexión y protegernos de enfrentarnos a preguntas que podrían incomodarnos, desbordarnos o transformarnos. En cambio, tomarse el tiempo de iniciar un proceso de ayuda psicológica online orientado a la reflexión suele implicar aceptar que habrá más preguntas antes de encontrar respuestas verdaderamente propias.

Preguntas que ninguna IA puede responder por nosotros

El deseo humano es más complejo que cualquier algoritmo. La pregunta que toca nuestra vida, nuestra ética, nuestro amor o nuestra muerte no puede ser resuelta por un chatbot. Nadie puede programar la experiencia de un sujeto ni anticipar cómo una respuesta externa afectará su propia construcción de sentido. Por eso, muchas personas que inicialmente consultan a la IA acaban buscando un espacio de psicólogos online para adultos donde explorar esas decisiones vitales sin esperar recetas prefabricadas.

Algunas preguntas solo pueden sostenerse en el tiempo y en la reflexión: “¿Quién soy realmente en relación con los otros?”, “¿Qué quiero para mi vida y qué estoy evitando reconocer?”, “¿Cómo enfrentar aquello que me produce malestar o miedo?”. La IA puede ofrecer información, consejos, hipótesis o ejemplos, pero no puede leer nuestro deseo ni sostener la falta que mueve la pregunta. Esa tarea pertenece a la experiencia subjetiva y al encuentro con un otro humano, algo que desarrollamos con más detalle en La máquina nos habla: ¿qué escucha cuando la escuchamos?.

buscamos respuestas o evitamos preguntas

Entre respuestas y evitación: un dilema contemporáneo

El uso de ChatGPT como oráculo plantea un dilema: entre resolver y evitar. La velocidad y disponibilidad de respuestas pueden crear una ilusión de control y certeza, pero también pueden silenciar la pregunta que nos atraviesa y que nos impulsa a interrogarnos de manera profunda. En nuestro blog de psicología  insistimos en la importancia de no confundir el alivio rápido con un verdadero trabajo de elaboración.

Evitar preguntas incómodas mediante respuestas instantáneas es una tentación natural: el malestar, la duda y la falta requieren esfuerzo, tolerancia a la incertidumbre y riesgo de confrontación con la propia verdad. La IA nos ofrece atajos, pero no puede reemplazar la experiencia subjetiva que emerge cuando uno se enfrenta, poco a poco, a aquello que teme saber de sí mismo.

El valor de la pregunta en la experiencia humana

El valor de la pregunta en la experiencia humana

En psicoanálisis, la pregunta tiene un valor que va más allá de la información: revela el deseo, señala la falta y activa la reflexión. Preguntar no es solo buscar datos; es abrir un espacio donde el sujeto puede encontrar nuevas articulaciones de sentido y transformarse. Este trabajo de pregunta y deseo está también en el centro de procesos como aprender a aumentar la autoestima y la confianza en uno mismo, donde no se trata de repetir consignas positivas, sino de interrogar las propias creencias y posiciones.

El oráculo digital, por eficiente que sea, no puede sostener este proceso. Puede generar respuestas coherentes, plausibles y útiles, pero no puede provocar el encuentro con la propia falta ni acompañar la articulación del deseo que emerge cuando una pregunta se mantiene viva en la subjetividad del sujeto. De manera similar, cuando una relación se tambalea, la cuestión no es solo “qué debo hacer”, sino qué dice de mí esa situación, algo que trabajamos en artículos como cómo elaborar emocionalmente una infidelidad y sus consecuencias.

Un enfoque consciente del uso de chatbots

No se trata de rechazar la tecnología. ChatGPT puede ser una herramienta útil, siempre que se utilice con conciencia de sus límites: complemento, no sustituto; punto de partida, no de cierre. Puede ayudar a aclarar ideas, organizar información o encontrar ejemplos, mientras la reflexión profunda se reserva para espacios donde haya alguien dispuesto a escuchar. Cuando esta combinación se integra dentro de una terapia en línea que combina recursos digitales y escucha clínica, la tecnología se pone realmente al servicio del cuidado.

Usar la IA con un enfoque crítico implica, entre otras cosas, preguntarse para qué la empleamos: ¿para abrir la reflexión o para cerrarla? ¿Para ganar matices o para evitar el malestar de no saber? La respuesta a estas preguntas no vendrá de ningún algoritmo; forma parte de un trabajo ético y subjetivo que cada persona ha de hacer por sí misma.

La poesía de la pregunta y el deseo humano

En última instancia, la pregunta tiene un ritmo que ninguna IA puede replicar. Es un latido, un eco, una tensión entre lo que se sabe y lo que se ignora. Responder demasiado rápido puede cerrar ese espacio y apagar la chispa del deseo, mientras que sostener la pregunta permite abrir nuevas posibilidades, encuentros y transformaciones. A veces, para poder mantener viva esa pregunta, conviene apoyarse en un acompañamiento psicológico para la ansiedad que no se limite a dar soluciones rápidas, sino que invite a pensar qué hay detrás de tanta urgencia por saber.

Reflexión final

El uso de ChatGPT como oráculo digital refleja una tensión contemporánea: entre buscar respuestas rápidas y enfrentar preguntas que nos incomodan. La IA puede ofrecer información, orientación y eficiencia, pero tiene límites claros: no puede sostener la pregunta, no puede leer el deseo ni acompañar la experiencia subjetiva que emerge en la duda.

El nuevo oráculo nos recuerda que la pregunta sigue siendo humana, que solo nosotros podemos sostenerla y que el valor del cuestionamiento está en la transformación que provoca. La tecnología puede ser un recurso, pero la reflexión, la confrontación con la falta y la exploración del deseo son caminos que ninguna IA puede recorrer por nosotros. La próxima vez que acudamos a un chatbot en busca de certezas, quizá valga la pena detenerse y preguntarse si realmente queremos una respuesta inmediata o si ha llegado el momento de abrir un espacio donde esa pregunta pueda trabajarse con tiempo, palabra y escucha humana.